¿Dónde dejé las lunas que dibujé pensando en ti? ¿Las habré perdido en la caja de besos que guardaba para darte? ¿Se despintaron con las lluvias de primavera?
El olor a madera podrida llena la estancia, donde colgué los cuadros en los que pinté las risas que guardaba para tus días azules. Las ruinas del bosque se comieron la cabaña visceral, donde la vieja estufa de leña y la radio que me acompañaban salieron corriendo por la cocina antes de evaporarse en charcos de sol. La nieve entra por la ventana, dibujando angeles que suben y bajan escaleras eternas, con jerseys de piel y rodillas rojas. El camino desparece bajo el caucho de un fiat verde; adoquines que explotan como tabla de ajedrez. Pálpitos secos que desaparecen bajo gasas de polvo que no recuerda su propio color.
No hay comentarios:
Publicar un comentario