Preguntandome una noche sobre la veracidad de tu abrazo, me he encontrado con las luces andantes de un monstruo sin carne, con venas centrífugas y latidos densos. Me tragó colina abajo y convertida en código navegué por sus entrañas. Cosa sin vida, milenio de caras. Nómada en coma.
Vomité las veces que he pintado tu nombre en las paredes de mis huesos. Huesos que muerden la tinta de ningún color que ha olvidado quién eres. El vértigo me acechaba, con sus patitas cortas con medias blancas. Y corrí.
Corrí se frente, en diagonal, yuxtaposicionadamente, corrí volando y cayendo en picado. Me estrellé en el mar.
