El frío de una mañana sin nombre sacude mis pupilas junto al muelle del que no ha zarpado ningún barco desde que el hombre pisó la luna.
Olas que rompen la voluntad de las rocas, batiéndolas a besos.
Historias de lluvia sin sombrillas y pasión en las miradas.
¿Quién dice que el corazón sólo late por la vida en la que respiras?
Hubo un tiempo en que los pies de princesas desconocidas dibujaron constelaciones en el mar,
bajo la magia del aire lila y naranja del cielo.
Y al tener todo el amor y el odio del mundo en su bolsillo, decidieron sólo mirar al horizonte.
Terminemos esta carrera en el kiosko
en el que tu mano tocó la mía por primera vez.
El olor líquido de la sal hechiza mis pasos...
Sin mirar, respiro los secretos del universo.
Quisiera saber escribir canciones.