Vaivén de ojos metálicos, superficie de agua
recorriendo lineas improvisadas
a mitad de la caída libre.
Sonrisas que nacen del pensamiento de otras, ajenas,
desconocidas,
pasos sin ritmo ni rumbo,
caracoles abiertos donde se sientan los niños
antes viejos, antes sueños, antes nada.
Palabras que nadie dice,
colores que nadie inventa.
¿Qué pasa si la magia se te escapa entre los dedos
por confundirla con la lluvia?
Cafés compartidos, libros gastados de tantas miradas;
abrazos sin frío, caminos sin mapas.
De los pétalos que tapizaban el suelo ya sólo queda uno,
o tal vez sea una mancha de café.