Estas noches te espero mirando al sol...Venga Valiente!

07 enero 2015

Danza de otoño

La chica de los ojos de otoño danzaba bajo la luna cada noche, buscando una mano que la acompañara a bailar, dando saltos oceánicos entre los zarzales y llenándose de ramas los vestidos, cada vez más rotos y no por ello menos bonitos, con sus estampados de flores de invierno. Se ajustaba tiras de listones rojos en las muñecas y pretendía que eran las estelas de estrellas de eras anteriores al origen del universo. Y recorría los páramos olvidados con sus saltos de gacela y sus giros de tornado. El viento la acompañaba y le susurraba los secretos del mundo al oído, y de ellos creaba ella las canciones más tristes y más alegres que ningún suelo del mundo haya vibrado alguna vez. Y contaban las leyendas de los fuegos fatuos que si alguien por casualidad pisaba alguna de sus huellas se le iluminaba el mundo y se perdía para siempre, bailando en la inmensidad.

Y los ojos de él vieron tras el musgo de un tronco dormido la llama de sus zapatos. Azul eléctrico, hechizo instantáneo. Cielo, abismo. Polvo de estrellas o de hadas. 

De nubes y andenes

Usted y las tres letras de su nombre
El eterno cómplice de sueños perdidos en Kyoto.
Entre andenes de metro bajo el sol de una pradera llena de colegiales.
Bajo la lluvia de hojas amarillas en parques con olor a invierno y a guantes de lana.
Con los sueños pintados de chocolate y especias en una hacienda italiana.
Sobre bicicletas que dejen sus huellas en los adoquines del mediterráneo.
Con sus ojos chiquitos llenos de amor al jazz.
Y sus amaneceres frente a una ventana adicta a los cielos encapotados y las lluvias fuertes.
Con sus eternas caminatas, tan ambiciosas como para recorrer cada rincón del mundo.
Bajo el vapor de un café cargado que se aferra a sus pijamas.
Y sus visitas a la cineteca para ver por milésima vez cada película de Miyazaki.
Tarareando con los ojos cerrados en el piso de algún aeropuerto, sin ser consciente del movimiento rítmico de un solo pie.
Y un libro siempre en la maleta.


Y en algún momento de su realidad con panoramas de películas en las que los colores se pueden tocar… se le cruza por el pensamiento la musa floja. Y vestido de flores que no se ha comprado.