Algunas veces creía verle asomado en el sandwich matutino, con los ojos rojos por hablerle esperado toda la noche, con una cama de jamón y sabana de lechugas bien frescas; no le importaba coger un resfríado o que el resfriado le cojiese a él... porque todas las mañanas, con renovada alegría y los ojos de sueño, ella le besaba en cada mordida que daba... y aunque fingía que nunca le veía, siempre dejaba un poco de mostaza en su lado inferior, para que él supiera que le llevaría consigo.
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