Te dibujé en mis pupilas con los primeros rayos del día,
para grabarte en mi memoria y decirte adiós,
pero abriste los ojos y sonreiste y mi determinación se esfumó...
como las partículas de polvo que revoloteaban en tu ventana.
Quisiera contarte tantas cosas, y ninguna sale de mis labios en cuanto te apareces frente a mi. Esos ojos tuyos me iluminan y me atan. Pero, ¿cómo no guardar silencio si aplazando mis palabras compro recuerdos a tu lado? Y sabe el cielo que no hay cosa que más añore que construir recuerdos contigo.
Se que tienes tus propias memorias, llenas de emociones y personas y lugares; pero soy suficientemente egoísta para desear un lugar en tus recuerdos, y los que hay no son suficientes para mi: quiero tomarte de la mano mientras patinamos, y rodar por el pasto hasta que nos duela, quiero gritar y bailar a tu lado en algún concierto y gritar cosas sin sentido en la azotea de un rascacielos, quiero nadar, y cocinar algo para ti, hacernos tatuajes con tinta china y hacer guerras de comida, quiero bailar y que me veas y te sientas orgulloso de mi, quiero ver películas cursis que no te gusten y llorar, quiero vagar por las calles tomada de tu mano por la noche, y escaparnos un día de la rutina para conocer algún pueblito bajo la lluvia, quiero que me sonrías cuando despiertes y me beses mientras duermo, aunque no me de cuenta.
La cuestión es, corazón... que enamoraste a mis demonios, pero yo no puedo luchar con tus fantasmas. Así que espero. Espero el tiempo en que tengas la fuerza para elegir un camino, o yo tenga la fuerza para continuar con el mío.
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