Hacía algunos días que no dormía, bien porque no quería, bien porque no podía... y es que el horario de sus pupilas se había invertido algunos siglos atrás, porque no quería dormir por esperarle: con las calcetas puestas y el chocolate tibio, porque nunca le gustó demasiado caliente ni demasiado frío.

No hay comentarios:
Publicar un comentario