Sístole, diástole, sístole, diástole....
Buscaba en la pared nuevos besos oblicuos y canciones raídas, empujando la burbuja de sangre una vez más, inventándole un futuro. Sístole, diástole, sístole...
Quería alimentar la avárica necesidad de abrazos que nunca dió con caricias mullidas y risas torcidas, pero nunca notó la nube de plomo que se elevaba bajo sus zapatos y la goma de mascar anclada al caucho andante. Y murió con el susurro del agua, sin notar que tenía el alma pegada a la espalda.
Creí que eras un sueño más e intenté despertar y escribirte... pero no funcionó.

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