Hubo una vez una noche con una luna roja y otra gris, que se arrastraban por las tangentes de tus dientes y dejaban migas de barro por tus dedos.
La luna roja se escabulló y buscó cuna en tu garganta, para que tus palabras fueran pasión y sangre; porque decía que las personas blancas debian cantar a colores para equilibrar el universo. Y la luna gris llegó a tus ojos, y los eclipsó, los aturdió con su danza monosílabica y sus gritos cromáticos, inviertiendo el sentido de tus latidos y doblando las realidades; así que ahora tus dimensiones están superpuestas en estrellas que viajan a años luz de las neuronas que explotaron en sinapsis y ahora se dedican a jugar al ajedrez para matar el tedio de la constelación en tu cabeza.
[Mis canciones hicieron un coctel que no comprendo aún]
No hay comentarios:
Publicar un comentario