El día en que le pusieron cuerda por primera vez un sonido hueco alteró el tiempo. Fue su corazón de goma, comprimiendo el espacio dentro de las galaxias confitadas en su interior. Se pasó la mano por el pelo y sus terminales nerviosas le aviaron que eso era sentir. Algo fluía por el dorso de su piel, se movía en sentido cotrario a los impulsos, tratando de mantener un equilibrio en este mundo de mariposas y remolinos.
Después de un tiempo de vagar por los caminos de tierra y sal que se torcían en su boca, se contró con una lágrima de luna, ahogada en su propia voz, al intentar clamar al cielo por el resto de su esencia. Pero su melodía nunca llegó al infinito, y así una noche de absoluta tristeza, la luna se suicidó.
Los acordes de sus impusos nerviosos movían sus extemidades sin consultarle, acercandose al abismo.... Y entonces le vio, bailando sobre la arena. Creaba ondas sobre la superficie: tierra estrellada; expandiendo su alma en cada gramo de minúsculo cristal.
El beso del viento, le llamó.
...No hubo respuesta.
Intentó atraparlo en una botella de fuego azul, pero no pudo contenerlo sólo con la fuerza de su abrazo y le vio alejarse riendo... con el susurro de la explosión de una pompa de jabón.
La caída fue instanánea. Golpe de realidad instantánea de un transúnte obsesionado con la pared.
Risas cromáticas.
Aire con miel.
Qué le cuesta caray! A ver sí tiene vacaciones más seguido
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