Buscaba el abrazo de un ente errante que cantaba en las nubes de polvo que nunca se disolvieron del cielo.
Le buscó por miles de cristales quebrados y por más de 1200 lunas de azufre, pero el arlequin nunca despertó, nunca oyó su grito y nunca se enteró... de que la voz del viento le buscaba.

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