
Te vi cuando no me veias y girabas sobre tus talones con la mirada perdida en un punto imaginarlo y violeta. Avanzaste a trompicones y cruzaste el andén austente a mi sonrisa torcida y mis ojos en la espalda, oyendo tus miradas. Y te sentaste junto a mi. Fuimos dos extraños que se concieron hace varias vidas y con pocos meses de antelación y alebosía. Fuimos dos amantes que la luna se tragó. Tus ojos felinos y atentos me monstraron señales extraterrestres e hilos de araña mientras me recorrian la retina cantandome mi anatomia y buscando la concentracion en una esquina de un parís sin torre y sin campos eliseos, pero con musica de banqueta y luciernagas azules. Y me atrapaste al vuelo en un puente levadizo que nunca se cerró. Y tocaste la guitarra con mis cabellos. Y me perdí en tu boca. Y temblé por ti pintor de sueños reales y ficticios que de tan vívidos me consumieron en una voragine de mundos y emociones enfrascadas en piedras rojas y maratones nocturnos. Me ataste la razón y te robaste mi conciencia, dejandome a ciegas en tus brazos, guiándome entre asfalto y murallas interminables que me rozaban la cara y me tomaban por la cintura, comiendome los oídos. Le recé a un buda que nunca estuvo cerca de mi y me dejé seducir por tu locura, hasta que no fue mas tuya y la hice mía. Te confesé mis contraseñas y te di cuentas de mi vida en un vaso de unicel con luces de alquiler y danzas nocturnas. Y me convertí en ti con el canto de un sapo en la casa de enfrente. Y me robe tu sabor por el resto de mis noches de jerga masiva y fugaz. Y fuiste mi deseo.
Me encanta tu cara de incertidumbre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario