Mis pies avanzan por baldosas rojas, dejando huecos en tus pupilas y añadiendo una goma de mascar a las viejas suelas de mis zapatos amarillos. Puedo ver còmo me miras a travès del espejo del polvo que simulo poner sobre mi nariz. Sabes que estoy fingiendo, yo nunca uso polvo, pero no encuentro una excusa mejor para mirarte sin mirarte. Tu reflejo sonrìe y dice adiòs...
Me preguntoc còmo eres capaz de leerme tan bien, ¿serà que soy tan predecible?
La estaciòn del tren està ante mi, y una voz hueca suena entre la multitud, he de dirigirme hasta el andèn, ahora.
En un instante, el peso de tus labios imaginarios cae sobre mi y el recuerdo del perfecto color avellana de tus ojos invade mis sentidos: un jardìn rojo, un beso furtivo, nuestras manos en la lluvia, un relàmpago, el olor de un libro nuevo y miles de sorisas de restaurante, tus dedos enredados en mi cabello y el tacto de tu piel. Una ùltima mirada, solo una màs.
Giro lentamente y el suelo bajo de mis pies desaparece.
Me preguntoc còmo eres capaz de leerme tan bien, ¿serà que soy tan predecible?
La estaciòn del tren està ante mi, y una voz hueca suena entre la multitud, he de dirigirme hasta el andèn, ahora.
En un instante, el peso de tus labios imaginarios cae sobre mi y el recuerdo del perfecto color avellana de tus ojos invade mis sentidos: un jardìn rojo, un beso furtivo, nuestras manos en la lluvia, un relàmpago, el olor de un libro nuevo y miles de sorisas de restaurante, tus dedos enredados en mi cabello y el tacto de tu piel. Una ùltima mirada, solo una màs.
Giro lentamente y el suelo bajo de mis pies desaparece.
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